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Cerebro Social: Impacto de la Pandemia 2020

Dr. Alfredo Hernández

Argentina - Noviembre 2020



El cerebro es el órgano que nos distingue de cualquier otra especie.

Lo que nos hace diferentes no es la fuerza de nuestros músculos

ni de nuestros huesos, es nuestro cerebro.

PASKO T. RAKIC, Annals of the New York Academy of Sciences, 1999



La capacidad neuroplástica de reconfiguración permanente del cerebro resultó un factor clave en la evolución humana, ilustrado por el impacto del entorno social sobre el determinismo genético de cada individuo en su

etapa inicial facilitando su adaptación a los aportes de la socialización, instrucción, cultura y tecnología.

El enriquecimiento del conocimiento científico de la neurociencia cultural aporta evidencia de las experiencias socioculturales sobre la organización funcional del cerebro que guían nuestro comportamiento mediante la regulación de los diversos procesos cognitivos y afectivos tales como percepción, atención, atributos mentales

(intenciones, deseos, creencias), autoreflexión y control emocional.


Por supuesto que nuestra base genética interactúa con las características específicas culturales que modulan la organización funcional del cerebro. La naturaleza del cerebro humano está construida por una base biológica

que se transforma en una compleja estructura sociobiológica y cultural.

El proceso social requiere vínculos complejos y exigencias cognitivas para desarrollar estrategias que permitan ventajas competitivas para la supervivencia, el ser humano desarrolló una neocorteza que le permitió una

adaptación social especial.


El tamaño del grupo social posee límites


Las publicaciones del investigador británico R. Dunbar, reportan que los chimpancés pueden manejar grupos semejantes hasta 55 individuos en forma estable, en tanto que el ser humano puede hacerlo con 150-200

sujetos pares sin necesidad de una organización jerárquica.









Robin Dunbar

Cuál es la explicación?


El tamaño de los vínculos sociales depende de las capacidades cognitivas para procesar información referente al reconocimiento visual, memoria para recordar los rostros, capacidad de recordar las relaciones de esas personas entre sí, procesamiento de información emocional y particularmente la capacidad de manipular y coordinar información y gestión de los asuntos sociales.


Las bases neurales no dependen exclusivamente del volumen del tejido cerebral sino del desarrollo y alta conectividad del neocórtex.

Diferentes estudios, han establecido que los seres humanos pasan un 80% de su tiempo de vigilia en compañía de otros, hablamos en promedio 6 a 12 horas diarias, particularmente en conversaciones de a dos, con individuos conocidos.

Los contenidos temáticos son obviamente variados pero la amplia mayoría son temas impersonales, considerando que las conversaciones son útiles para reforzar los vínculos entre las personas, satisfacer la necesidad de integrar

un grupo exclusivo y ser aceptados por sus miembros, mantener normas sociales, obtener y proporcionar información, permite a cada individuo autoexaminarse y compararse con otro así como obtener y expresar aprobaciones o desaprobaciones.


La globalización social y comunicacional en tiempos de “networking” puede configurar un listado de “amigos” en términos de miles o cientos de miles de contactos…..pero los estudios del tráfico de internet registran que las

personas siguen manteniendo la misma cantidad de amigos directos cercanos a 150.


Pandemia COVID-19 año 2020


El 11 de marzo 2020 el Director General de la Organización Mundial de la Salud (OMS) Tedros A Ghebreyesus, informó que un número de víctimas de infecciones por el coronavirus COVID-19 detectado en China se había extendido y multiplicado por 13 fuera de ese país, con repercusión en 114 países, 118.000 casos y 4291 personas

habían fallecido.

Epidemiológicamente, el brote mencionado adquirió el nivel de “Pandemia” por sus alarmantes cifras de propagación y gravedad.


La OMS estableció a nivel mundial la necesidad de organizar los recursos

sanitarios junto al soporte de los gobiernos sus capacidades operativas

basadas en cuatro puntos claves:


- Prepararse

- Detectar, proteger y tratar los casos

- Reducir la transmisión

- Innovar y aprender

El nuevo escenario debe encontrar un equilibrio entre la protección de la salud, minimizar los trastornos socio-económicos y respetar los derechos humanos.

Una de las medidas de control para reducir la transmisión viral ha sido (y continua por diferentes tiempos y fases en el mundo) el aislamiento social.


Impacto del coronavirus sobre el cerebro


Los virus con afectación del sistema respiratorio pueden ocasionar manifestaciones neurológicas, incluyendo al coronavirus.

La posibilidad de invasión directa al sistema nervioso (neurotropismo) ha sido observada por vía olfatoria,

consistente con la pérdida del olfato como principal manifestación neurológica, observada en imágenes de

resonancia magnética (señal incrementada sobre la corteza olfatoria) y otra vía de ingreso, es vascular, a través

de la barrera hemato-encefálica (anatómicamente y fisiológicamente es el sector de interacción directa entre el

flujo sanguíneo y el tejido cerebral), ingresando al tejido cerebral.

El proceso fisiopatológico desencadenado por la diseminación viral produce un complejo proceso inflamatorio

en diferentes sectores cerebrales, con una evolución clínica variable, oscilando desde casos leves a casos fatales

y también cursar en forma asintomática.

Estadísticamente, los pacientes portadores de COVID-19 que tuvieron que ser hospitalizados, alrededor del 30% presentaron manifestaciones neurológicas.


Las manifestaciones neurológicas comprenden desde casos leves con cefaleas, mareos, astenia, alteraciones del

gusto y olfato (similares a cuadros gripales) hasta alteraciones mentales severas con confusión mental, por

encefalitis o encefalopatía.

Por otra parte, la invasión vascular anteriormente mencionada puede generar accidentes cerebrovasculares discapacitantes (stroke) (Iadecola C et al2020).


Salud Mental

El propósito de esta columna está centrado en efectos colaterales de las medidas preventivas de la diseminación viral, concretamente el aislamiento social y su repercusión indirecta sobre el cerebro social.

Actualmente, el mundo está transitando por el experimento de aislamiento más prolongado de la historia.

Diferentes medidas gubernamentales han frenado las economías, la educación y la vida pública mediante las regulaciones de cuarentenas y distanciamiento social en una forma sin precedentes.

Los efectos de estas medidas sobre el cerebro, comportamiento y respuestas neuro-humorales en humanos son desconocidas. Un artículo publicado recientemente compara la situación actual con la experiencia del aprendizaje

de los vuelos espaciales. (Chouker A et al, 2020)

La ciencia de la exploración espacial aporta datos para ayudar a comprender los efectos del confinamiento prolongado a nivel genético, molecular, celular, circuitos neurales y el comportamiento.

Los sistemas altamente vulnerables al aislamiento y confinamiento son el cerebro y el sistema inmunológico.

El stress impacta en casi todas las regiones cerebrales pero particularmente el hipocampo adquiere relevancia.

Durante las exploraciones espaciales, el rol funcional de esta estructura estuvo centrado en las capacidades visuoespaciales para las tareas de navegación durante descensos, despegues y exploración de nuevos entornos

con baja gravedad, por esa razón no sorprende la alta densidad de receptores de corticoesteroides en una

región muy vulnerable a niveles incrementados de stress.


También se observaron disminuciones significativas del volumen del giro dentado asociados a menor rendimiento cognitivo y resolución de problemas, entre otros datos extrapolados de otras fuentes además del espacio (exploraciones antárticas, estudios en modelos animales).


Resulta interesante analizar trabajos de investigaciones biomédicas que permitan compartir experiencias y aprendizajes entre viajes espaciales y actividades terrestres.

Una revisión sistemática de las consecuencias sobre la salud mental de la pandemia de COVID-19, analizando 41 estudios científicos del efecto indirecto (sobre personas con problemas psiquiátricos previos, sobre trabajadores

de la salud y sobre público en general) reportaron un alto índice de síntomas de stress postraumático, síntomas depresivos, ansiedad y alteraciones del sueño. (Vindegaard N et al. 2020)


Efectos de la deprivación social en adolescentes

La adolescencia es un período de la vida caracterizado por una alta sensibilidad a los estímulos sociales con

un importante requerimiento de interacción con sus pares.

Los cambios biológicos y hormonales generan profundas transformaciones psicológicas y sociales, el desarrollo

del cerebro social es la construcción de redes neurales asociadas a la percepción social y cognición.

Desde el punto de vista de la neuroplasticidad, el incremento del espesor cortical (conformado por sustancia gris

de los cuerpos celulares y sinapsis) comienza a disminuir entre el final de la niñez hasta los 20 años aproximadamente, en tanto el volumen de la sustancia blanca (axones mielinizados) gradualmente incrementa.


Estos cambios estructurales y funcionales son altamente influenciados por los cuidados parentales en tanto que la influencia de sus pares es un elemento adicional del desarrollo social.

La vulnerabilidad en la salud mental en esta etapa, influenciados por acoso, rechazo y aislamiento pueden ser

factores de riesgo para alteraciones como depresión en adolescentes. (Orben A et al.2020)


El distanciamiento físico en respuesta a medidas preventivas de la pandemia probablemente reduzca las necesidades sociales de los adolescentes, aunque estén en contacto directo con los miembros de su familia o virtualmente con sus amigos, la interacción directa está drásticamente reducida.

Las tecnologías comunicacionales digitales (videoconferencia, chat, juegos online, blogs) están presentes en alto porcentaje de usuarios en el mundo y durante varias horas por día, podrían mitigar las consecuencias del aislamiento.


Pero el bienestar no es solamente mental sino además físico, por dicha razón se debe trabajar activamente para mantener “físicamente activos” a los niños y jóvenes (adultos también).

Somos seres sociales, con asombrosa capacidad de adaptación y experimentando un confinamiento inédito en la historia mundial, todavía con mucha incertidumbre en el futuro inmediato pero mucho para aprender.

Difundir y analizar diferentes cuestiones en estos momentos, podrán ayudarnos a reflexionar y anticiparnos para mejorar la calidad de vida.

Hasta la próxima.



Para ampliar información y conocimientos


Dunbar R. Coevolution of neocortical size, group size and language in humans Behavioral and Brain Sciences, 16(4):681-735, 1993

Roberts SG, Dunbar R, Pollet T, Kuppens T. Exploring variation in active networking size: constraints and ego characteristic. Social Networks, 1(2):138-146, 2009


Dunbar R. Grooming, gossip, and the evolution of language. Harvard University Press, Cambridge, Mass. 1996

www.who.int/es/dg/speeches/detail/who-director-general-s-opening-remarks-at-the-media-briefing-on-covid-19---11-march-2020

Orben A, Tomova L, Blakemore SJ. The effects of social deprivation on adolescent development and mental health

Lancet Child Adolesc Health ; 4: 634–40.2020


Gazzaniga M. Qué nos haces Humanos? La explicación científica de nuestra singularidad como especie.

Paidós, Barcelona.2010


Han S. The Sociocultural Brain. A cultural neuroscience approach to human nature

Oxford University Press 2017

Lledo PM.El cerebro del siglo XXI. El Ateneo, Buenos Aires 2018

Chouker A, Stahn C. COVID-19—The largest isolation study in history: the value of shared learnings from spaceflight analogs. Nature npj Microgravity 6:32. 2020


Vindegaard N, Benros ME. COVID-19 pandemic and mental health consequences: Systematic review of

the current evidence.Review Article

Brain, Behavior, and Immunity 89 :531–542, 2020

Iadecola C, Anrather J, Hooman K. Effects of COVID-19 on the Nervous System.Review

Cell 183, October 1, 2020

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